Yo solo quiero que me quieras como te quiero yo.

sábado, 29 de enero de 2011

Recuerdos.

Mi felicidad empezó en un determinado momento: te mudaste a mi ciudad.
Bueno, ciertamente empezó un poco más tarde, pero digamos que me gusta decir que yo supe el momento preciso en el que aterrizaste de ese avión.
Siempre recordaré el primer día que me hablaste, yo parecía salida de una película de terror, no sabes la vergüenza que pasé, madre mía. Recuerdo exactamente tus palabras: Perdona, ¿sabes dónde está el aula de química?
En ese momento yo me nuble, me cerré, me cagué (para ser mas claros): ¿El aula de química?¿Química?¿Mierda, dónde narices está química?, decía para mi misma.
Al final contesté(aunque tu cara de esta tía es tonta dejaba mucho que desear): Emm, sí, al final del pasillo a la derecha.
Después de todo sonreíste y me dijiste que te había salvado la vida, acto seguido, te fuiste.
Joder, ostia, coño, puta! ¿Pero quién me manda a mí ponerme esta camiseta tan espantosa?
Pero bueno, te salvé la vida eso me hizo sonreír el resto del día, he salvado a un tío que me ha encantado solo verlo, que iba vestido con una sudadera blanca con tonos naranjas y azules, unos pantalones algo caídos y unas deportivas Nike, pero lo bueno es que ni siquiera sabia tu nombre.

Pasó una semana hasta que te volví a ver. Me miraste, y me di cuenta de que eras un chico con buena memoria, te acordabas de mí. Te acercaste y me dijiste exactamente estas palabras: Perdón, pero el otro día no me pude presentar, soy Pablo.
Yo te sonreí y te dije que mi nombre era Mireia y que estaba encantada de conocerte.
No sé como pero empezamos a hablar un montón: me contaste que venias de Madrid, que tenías un hermano que se llamaba Juan y un perro que se llamaba Billy, que tus padres estaban divorciados y que te encantaba jugar al balonmano. Yo también te conté algunas cosas de mí, pero que ahora no tienen importancia.
Todo iba genial, no íbamos juntos a todas las clases ya que tu eras de ciencias y yo de letras, pero eso daba igual.

Día 18 de mayo, lo recuerdo perfectamente, habían pasado menos de dos meses desde que hablamos por primera vez, me enviaste un sms que aún tengo guardado, por cierto, que decía: Mireia! Esta noche viene mi familia a cenar a casa, yo paso de ese rollo, ¿te parece que te venga a buscar y vamos a cenar?
Escribí un sms a toda prisa diciéndote que claro que si, que estaría encantada.
Justo a las ocho y media sonó el timbre, como habíamos acordado, estabas realmente guapo, más que de costumbre. Me llevaste a una pizzería que habían puesto nueva, un sitio muy moderno con una comida verdaderamente buena. Esa noche hablamos mucho, muchísimo, hablamos de ti, de mí, de clases, profesores y de amor, hablamos del amor. De lo mal que nos había ido a los dos durante esos dieciséis años de vida.
Salimos de la pizzería y fuimos a dar una vuelta por el centro de la ciudad, finalmente decidimos sentarnos en los bancos de un parque, y dijiste lo que llevaba esperando esos casi dos meses; Te quiero. Así sin más, te quiero. Yo te sonreí y sin saber que contestar, dije un simple “yo también”.
Yo esperaba el beso,¿ como no iba a esperar un beso después de un te quiero?, todo el mundo espera un beso después de que le digan eso. Pero no, me hiciste esperar unos cinco minutos para eso, empezaste a decir que yo había sido un gran apoyo para ti, que cuando me viste por primera vez pensaste que era una chica preciosa, etc.
Yo te confesé todo lo mío, que joder, ¡no había para confesar ni nada!: Que si me sentí estúpida con esa ropa, que si estuve pensando en ti toda una semana, lo de sentirme una heroína…
Tu te reíste y yo me sonrojé, acto seguido me cogiste de la cabeza y me diste el beso más dulce que nunca me habían dado, nuestro beso.

1 comentario:

  1. Me gusta el blog y las fotos!
    TE SIGOO :)
    Pasate por el mío si quieres:
    peoplearenotperfect.blogspot.com

    un besitooo♥

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La moda se pasa de moda, el estilo jamás.